5 micrómetros!
Un cloroplasto es la parte de una célula vegetal que capta la energía de la luz solar y la usa para convertir el dióxido de carbono en azúcar, un proceso llamado fotosíntesis. En las hojas de las plantas, los cloroplastos tienen forma de lente o de balón de fútbol americano y suelen medir unos 5 micrómetros de largo. Un micrómetro es una millonésima de metro, o una milésima de milímetro.
Como un cloroplasto es aplanado, su tamaño se expresa como su longitud o su diámetro, no como su grosor. En las plantas vasculares, que incluyen los helechos, las coníferas y las plantas con flores, los cloroplastos tienen un diámetro típico de unos 4–6 micrómetros. Los cloroplastos de las hojas suelen describirse como de unos 5 micrómetros de largo y 1–2 micrómetros de grosor.
El tamaño también varía entre especies. Los cloroplastos de las plántulas de maíz tienen un volumen medio de unos 20 micrómetros cúbicos, donde un micrómetro cúbico es un cubo de 1 micrómetro de lado. En las hojas de Arabidopsis, una planta muy usada en investigación, la media es de 93 micrómetros cúbicos, más de cuatro veces esa cantidad. En las algas, los cloroplastos adoptan formas más variadas, como tubos y redes ramificadas.
Un cloroplasto está envuelto por dos membranas, una externa y otra interna. Dentro hay un tercer sistema de membranas, los tilacoides, agrupados en pilas llamadas grana. Las membranas de los tilacoides están repletas de la maquinaria que capta la luz, que incluye la clorofila, el pigmento verde. La clorofila es el pigmento más abundante de los seres vivos.
La energía captada por los tilacoides impulsa reacciones en el espacio acuoso que los rodea. Allí, una enzima llamada Rubisco capta dióxido de carbono para las reacciones que construyen el azúcar. La Rubisco llena casi todo ese espacio y es la proteína soluble más abundante de los seres vivos. El azúcar se almacena en forma de gránulos de almidón.
Se cree que los cloroplastos descienden de las cianobacterias, bacterias que realizan la fotosíntesis. En algún momento hace entre aproximadamente 1 000 y 1 500 millones de años, otra célula engulló una de ellas y, con el tiempo, ambas llegaron a trabajar en estrecha colaboración. Los cloroplastos de las algas verdes, las algas rojas y todas las plantas se remontan a ese suceso.
Los cloroplastos aún conservan algo de ADN propio, de unos 100 000 pares de bases de longitud, en decenas o cientos de copias cada uno. Sus antepasados probablemente tenían más de 3 000 genes. La mayoría de esos genes pasaron al núcleo de la célula, y hoy solo unos 130 permanecen en los cloroplastos de las plantas.