60 nanometre!
La luz ultravioleta es luz cuyas longitudes de onda son demasiado cortas para que el ojo humano la vea: van aproximadamente de 10 a 400 nanómetros. Un nanómetro es una milmillonésima de metro. El explorador muestra luz ultravioleta con una longitud de onda de 60 nanómetros. Esa longitud de onda está en el ultravioleta extremo, la parte de la banda más cercana a los rayos X.
La luz viaja como una onda, y su longitud de onda es la distancia entre una cresta de la onda y la siguiente. La luz ultravioleta tiene longitudes de onda más cortas que la luz visible. Cuanto más corta es la longitud de onda, más energía transporta la luz.
La ciencia divide la luz ultravioleta en bandas, y cada disciplina traza los límites en lugares distintos. La Comisión Internacional de la Iluminación señala que el intervalo de 100 a 400 nanómetros suele dividirse en UV-A (315–400 nanómetros), UV-B (280–315) y UV-C (100–280). La ISO 21348, una norma internacional para medir la luz del Sol, agrega bandas de longitudes de onda más cortas. Una de ellas es el ultravioleta extremo, de 10 a 121 nanómetros.
Una onda de 60 nanómetros pertenece al ultravioleta extremo según esta definición y también según otras más estrechas. Por ejemplo, el archivo de astronomía de altas energías de la NASA sitúa el ultravioleta extremo entre 10 y 90 nanómetros. Ese archivo señala que los límites entre las bandas son “una cuestión de definición más que de ciencia”.
El Sol emite luz ultravioleta de todas las longitudes de onda. Su luz ultravioleta extrema proviene de las capas exteriores de su atmósfera: la cromosfera y la corona. Nada de esa luz llega al suelo. La parte alta de la atmósfera terrestre la absorbe toda a más de 80 kilómetros de altura.
Esa energía calienta la termosfera, la capa de la atmósfera que está entre los 80 y los 600 kilómetros de altura. También les arranca electrones a los átomos y las moléculas que hay ahí, y así se forma la ionosfera, una capa de gas con carga eléctrica. Como esta luz nunca llega al suelo, solo se puede medir desde cohetes y satélites.
Las longitudes de onda ultravioleta más largas penetran más en la atmósfera. La atmósfera absorbe casi toda la luz UV-C, y el ozono absorbe alrededor del 95 por ciento de la UV-B. La UV-B que sí llega al suelo causa quemaduras solares.
Johann Ritter descubrió la luz ultravioleta en 1801. Sabía que el papel recubierto de cloruro de plata se ennegrecía más rápido con luz azul que con luz roja. Colocó papel más allá del extremo violeta del espectro visible, donde no se veía ninguna luz, y el papel se ennegreció. Algo invisible estaba llegando al papel.
El ojo humano sigue sin poder ver la luz ultravioleta, pero algunos insectos sí pueden. Los abejorros, por ejemplo, ven el ultravioleta cercano, la banda que está junto al violeta.